El sábado 1 de agosto, el Liceo Experimental Artístico recibirá la cuarta versión del Festival de Blues de Antofagasta. La jornada reunirá a La Rox, una de las voces destacadas del género en Chile; a Gianinna Mutarello, quien celebrará diez años de trayectoria con el espectáculo de poesía y blues “No vengo de Chicago”; y a la artista antofagastina Kate Slimming, encargada de abrir la noche en un formato acústico para presentar su EP Descarga.
Por Jimena Herrera M.
El blues llegará a Antofagasta después de atravesar una distancia enorme, cargado de historias ajenas que, al escucharlas, terminan pareciéndose a las propias.
No vendrá desde Chicago ni seguirá el curso del río Misisipi. Aparecerá entre los cerros, el polvo mineral, el viento salado y esa luz obstinada que durante siglos ha caído sobre la ciudad. Esta cita con el blues está programada para las 19:00 horas del sábado 1 de agosto, en el Auditorio del Liceo Experimental Artístico.
La cuarta versión del Festival de Blues de Antofagasta, encuentro que este año cambia de casa, amplía su escenario y confirma que, incluso en una ciudad levantada en uno de los territorios más áridos del mundo, existe una comunidad dispuesta a reunirse para escuchar canciones nacidas de la pérdida, la resistencia y la memoria.
La jornada estará encabezada por la cantante y compositora penquista La Rox, quien llegará por primera vez a Antofagasta, y por la artista local Gianinna Mutarello, impulsora del festival, quien celebrará diez años de trayectoria con el estreno de su espectáculo de spoken word “No vengo de Chicago”.
Antes de ellas, la artista antofagastina Kate Slimming será la encargada de abrir la noche en un bloque dedicado a los nuevos talentos. En un formato acústico, presentará parte de “Descarga”, su reciente EP, un trabajo de cinco canciones que se desplaza entre el blues y distintas vertientes del rock y que nació como la clausura musical de una etapa personal. solamente una noche de música.
Será, según sus protagonistas, una ceremonia familiar y colectiva: un espacio donde las voces del escenario buscarán confundirse con las del público hasta que ya no sea posible distinguir quién canta y quién escucha.
La primera descarga de la noche

La cantante, bajista, compositora y productora antofagastina, Kate Slimming, llegará al festival con un formato distinto al de las presentaciones de mayor intensidad sonora que han marcado parte de su trayectoria. Esta vez, las canciones estarán despojadas de estridencias y sostenidas por la cercanía de lo acústico, como si cada una de ellas debiera regresar al momento exacto en que fue escrita.
Su EP “Descarga”, estrenado en junio de 2026, reúne cinco composiciones nacidas de un proceso de transformación personal. El trabajo recorre emociones como la rabia, la tristeza, el aprendizaje y la necesidad de recuperar las riendas de la propia historia, dentro de una propuesta marcada por el blues, el rock clásico y una identidad musical construida desde la independencia. sual que el disco lleve ese nombre.
Hay cosas que el cuerpo guarda durante años hasta que encuentran una melodía por donde escapar. En Descarga, Kate convierte ese peso en canciones y hace de la música una manera de cerrar la puerta de una habitación antigua sin negar que alguna vez vivió dentro de ella.
El EP también recoge las influencias que han acompañado su formación musical, desde el rock de los años setenta hasta bandas como The Beatles, The Doors y Led Zeppelin. Sin embargo, las referencias no ocultan su propia voz: la de una mujer que escribe desde Antofagasta, produce su obra y avanza por el circuito independiente con la paciencia de quien sabe que cada escenario debe ser conquistado.
Kate abrirá simbólicamente el festival hacia una nueva generación de artistas locales. Antes de recorrer la historia del blues y de escuchar a quienes llevan años haciendo camino dentro del género, el público podrá presenciar el momento en que una voz emergente presenta sus propias cicatrices convertidas en canciones.
La mujer que llegó al blues por un cassette

Roxana Pardo Palma llegará a Antofagasta el día de su cumpleaños. Nunca ha estado en la ciudad y todavía no conoce la forma en que el mar se encuentra aquí con la cordillera de la Costa ni el modo en que el desierto parece entrar por las ventanas cuando cae la tarde.
Vendrá, como ha viajado tantas veces durante su vida, siguiendo el llamado de la música.
“Gracias a la música he podido conocer distintas ciudades, países y personas. En esta oportunidad, también gracias a ella, voy a estar tocando en Antofagasta en la celebración del Día Internacional del Blues”, relata.
La historia de La Rox con el género comenzó en 1998, en Temuco, cuando formó parte de una banda llamada El Último Vagón. Eran años en que los pubs se llenaban de estudiantes, humo, guitarras eléctricas y canciones que podían prolongarse hasta la madrugada. Con aquella agrupación recorrió fiestas universitarias y escenarios de Temuco, Valdivia, Osorno, Los Ángeles y otras ciudades del sur.
En una de esas noches, un productor ecuatoriano escuchó a la banda y los invitó a participar en las Fiestas de Abril de Riobamba. La presentación debía ser apenas una estación más en el camino, pero el viaje se prolongó durante siete meses.
La música, que a veces tiene sus propios planes, decidió retenerlos en Ecuador.
Allí, La Rox no solo se presentó sobre los escenarios. También hizo clases de canto y trabajó como corista para otros artistas. Por primera vez pudo sostenerse en otro país haciendo lo que más amaba.
“Poder vivir de la música, lejos de Chile, fue algo muy gratificante. Era pensar: estoy en otro país, haciendo lo que me gusta”, recuerda.
Después regresó y se instaló en Santiago. Integró una banda tributo a Led Zeppelin y descubrió, desde la exigencia vocal de aquellas canciones, otra puerta de entrada al blues estadounidense que había alimentado al rock británico.
Más tarde creó Roxen Blues, proyecto que la acompañó durante varios años. Sin embargo, hacia 2018 comprendió que debía abandonar definitivamente el refugio de las bandas para decidir por sí misma el rumbo de su carrera.
“Dije: basta. Quiero tener mi proyecto solista, decidir con quién toco, dónde toco y cuándo toco. Quería llevar completamente el ritmo de mi carrera. Ahí nació La Rox de manera definitiva”.
Desde entonces, no se detuvo.
La explosión de Janis Joplin
Antes de los escenarios, los viajes y las canciones propias, hubo un cassette.
La Rox tenía 18 años y estudiaba en la Universidad de Concepción cuando alguien puso en sus manos una grabación de Janis Joplin. Al escucharla, sintió que una puerta se abría violentamente dentro de su cabeza.
“Fue una explosión craneal increíble. Me preguntaba cómo alguien podía cantar de esa manera. ¿Qué era esto? Ahí comencé a acercarme al blues”, cuenta.
La revelación, sin embargo, había sido anunciada muchos años antes.
En la casa de su abuelo José Pardo había instrumentos musicales. Él era un hombre de campo, de esos que parecían saber hacer todas las cosas necesarias para sobrevivir, y además tocaba la guitarra. Su abuela cantaba. Su padre, Luis Pardo, se encargó de que en la casa nunca faltaran una radio encendida, un cassette nuevo o una canción circulando por las habitaciones.
La música se convirtió así en una herencia familiar, pero también en una forma de comprender la vida.
Con los años, La Rox comenzó a escribir sus propias letras. Sus canciones hablan de aquello que significa ser mujer, de las tareas que se acumulan sin descanso, de las culpas de la maternidad, de la explotación y de las desigualdades que han sobrevivido durante generaciones.
Una de ellas se llama “ETD, Es todo demasiado” y retrata la sobrecarga de roles que muchas mujeres enfrentan desde el momento en que abren los ojos hasta que, al final de la jornada, consiguen volver a acostarse.
“Mis canciones hablan principalmente de lo que significa ser mujer en este mundo, con las cosas buenas y las dificultades. Un periodista de Concepción me dijo una vez que hacía blues con enfoque de género. Yo no lo había pensado de esa manera, porque simplemente escribía sobre lo que nos pasa”, explica.
También existe en sus composiciones una mirada social. En “Primavera 19”, creada junto al músico argentino Hernán Tamagnini, abordó el descontento y las fracturas que atravesaron Chile durante 2019.
Para La Rox, cantar nunca ha sido un ejercicio ornamental. La voz sirve para hacer visible aquello que muchas veces se intenta callar.
Las primeras mujeres del blues
Cuando comenzó a cantar, a fines de los años noventa, encontró pocas mujeres chilenas a quienes mirar como referentes dentro del género. Estaban Denisse, de Aguaturbia, y Catalina Tellas, a quien había escuchado interpretar el “Blues del Paseo Ahumada” en televisión.
Durante mucho tiempo fueron casi las únicas luces visibles en el camino.
“En 1998 no conocía muchas más. Después de 2005 comencé a descubrir a otras mujeres, pero todavía eran pocas”, recuerda.
En 2015, junto a Catalina Pérez Garrido, creadora de la denominada Cueca Blues, participó en la realización del primer festival de blues femenino de Chile. A partir de entonces comenzó a observar un movimiento creciente de compositoras e intérpretes que levantaban sus propias propuestas en distintos puntos del país.
La presencia femenina, sostiene, no es una nota al margen en la historia del género.
“Las mujeres han sido una piedra esencial en el desarrollo del blues. El primer registro discográfico reconocido del género fue interpretado por una mujer. Actualmente, en Chile existe un florecimiento muy bonito de artistas que escriben sus canciones y aparecen cada vez más en los escenarios”.
En los primeros años del blues grabado, muchas de aquellas cantantes narraron el abandono, la pobreza, la violencia y el deseo desde una libertad que no siempre podían ejercer en su vida cotidiana. Un siglo después, esas heridas continúan resonando en las canciones de mujeres que habitan ciudades y épocas completamente diferentes.
Como si el blues fuera una carta enviada hace cien años que todavía no termina de llegar.
El pacto secreto con el público
La Rox está convencida de que nadie necesita estudiar el blues para sentirse atravesado por él.
No hace falta conocer sus escalas, distinguir sus estilos ni saber en qué ciudad nació cada canción. Basta escuchar.
“Es un género muy puro, muy de la esencia y del alma. Tiene algo tribal. Las personas van a conectar con él aunque no sean conocedoras”, afirma.
Sin embargo, esa conexión no ocurre automáticamente. El artista debe abrir un espacio invisible desde el escenario y el público debe aceptar entrar en él. La Rox llama a ese momento comunión.
“Es fundamental que se genere una unión entre quienes estamos sobre el escenario y quienes están entre el público. Las personas también son parte del espectáculo. Por eso me gusta que mis canciones tengan coros que puedan cantar, que participen y sean parte de lo que está ocurriendo”.
El concierto del 1 de agosto será concebido desde ese principio. La intención es que no exista una frontera rígida entre los músicos y la audiencia, sino una corriente que circule entre ambos lados del auditorio.
Será también un espectáculo familiar.
“Pueden ir desde la tatarabuela hasta el nieto más pequeño”, dice La Rox. “Queremos que sea una experiencia donde todos terminemos contentos y regresemos felices a nuestras casas”.
Un festival que cambia de casa
Después de cuatro años de trabajo constante, el Festival de Blues de Antofagasta abandonará los espacios más pequeños para instalarse en el Auditorio del Liceo Experimental Artístico.
Para Gianinna Mutarello, el traslado representa una señal de madurez.
“La mayor novedad de esta cuarta versión tiene relación con su consolidación. El festival da un paso importante al cambiarse a un espacio más amplio y preparado para recibir a un público cada vez mayor”, explica.
El nuevo recinto cuenta con condiciones técnicas de sonido e iluminación que permitirán presentar un espectáculo más ambicioso. También posee mayor capacidad y un acceso adecuado para convocar a familias, seguidores habituales del género y personas que nunca antes han asistido a un concierto de blues.
El crecimiento confirma, según su organizadora, que el festival ha comenzado a instalarse como uno de los encuentros relevantes del género en el Norte Grande.
Este año, además, el cartel estará marcado por distintas generaciones de mujeres que han construido sus trayectorias desde el circuito independiente: La Rox, con un camino iniciado en los años noventa y presentaciones dentro y fuera de Chile; Gianinna Mutarello, quien ha levantado desde Antofagasta una propuesta en la que la poesía y el blues se encuentran bajo una identidad territorial; y Kate Slimming, quien llegará con la energía de una obra reciente y una historia que comienza a reclamar su lugar en los escenarios.
No vengo de Chicago

Durante mucho tiempo, Gianinna Mutarello supo que había ciertas historias que solo podían ser contadas mediante una canción. Después descubrió que algunas de ellas necesitaban también la respiración de un poema.
Esa certeza dará vida a “No vengo de Chicago”, el espectáculo con el que conmemorará diez años de trayectoria artística.
El título es una declaración de origen.
Gianinna no viene de las ciudades estadounidenses donde el blues encontró algunos de sus escenarios más célebres. Viene de Antofagasta, de una tierra donde el silencio tiene dimensiones geográficas y donde las personas han aprendido a levantar ciudades en medio de un paisaje que parecía no prometer nada.
Pero el blues, asegura, también puede nacer aquí.
La propuesta reunirá composiciones inéditas y canciones pertenecientes a su primer disco, “La idea original”, dentro de un recorrido que mezclará poesía, relatos, palabra hablada y música.
“Es una invitación a escuchar historias, emociones y canciones desde un formato donde la palabra tendrá un lugar protagónico”, señala.
Para este espectáculo estará acompañada por Pablo Martínez en batería, Iván “El Campesino” en armónica, Felipe Tello en guitarra y Andrés Soto en bajo. También se sumarán como invitados José Bravo en guitarra y Víctor Poputrach en armónica, músicos y amigos que han formado parte de distintas etapas de su recorrido.
“Será un espectáculo íntimo y potente. La poesía y el blues se encontrarán sobre el escenario de la mano de músicos extraordinarios. Queremos que el público sea parte de esta celebración de diez años de música, historias y blues desde el desierto de Antofagasta”.
Convertir las heridas en canciones
La celebración encuentra a Gianinna en un momento de madurez artística. Durante este periodo realizó su primer Taller de Escritura Creativa de Poesía y Blues, experiencia en la que los participantes aprendieron a escribir a partir de la estructura tradicional de un blues de doce compases.
Durante tres sesiones trabajaron sus textos, los llevaron al lenguaje musical y finalmente los presentaron sobre un escenario, frente a público y con una producción profesional de sonido e iluminación.
La experiencia permitió recordar que el blues nunca fue únicamente un género musical.
Antes que una industria, fue una manera de narrar las heridas.
“Volvimos al origen del blues: esa música que nos reúne para transformar el dolor en arte, compartir nuestras heridas, celebrar nuestros logros y contar nuestras historias. Más que un taller de escritura, fue un espacio de encuentro humano, creativo y colectivo”, afirma.
Paralelamente, Gianinna comenzó a desarrollar un nuevo ciclo artístico bajo el concepto de “No vengo de Chicago”. Las canciones mantienen cercanía con los estándares tradicionales del género, pero hablan desde el desierto, el norte y la experiencia de quienes habitan este territorio.
“Quiero levantar un blues con identidad, poesía e historias nacidas desde el norte de Chile. Hoy siento que el blues ha dejado de ser solo un género musical para convertirse en una herramienta de encuentro, creación y sanación”.
Quizás esa sea la razón por la que el blues ha conseguido viajar durante más de un siglo sin perder su antigua capacidad de estremecer.
Porque sus canciones no hablan únicamente de quienes las escribieron.
Hablan de la mujer que se levanta antes que todos y se acuesta cuando el resto ya duerme. De la joven que transforma el final de una historia en una descarga de cinco canciones. Del músico que guarda durante años un baúl lleno de composiciones porque todavía no encuentra el momento de abrirlo. De quienes han amado, perdido, resistido o emprendido un viaje sin saber cuánto tiempo permanecerán lejos de casa.
Hablan de dolores que cambian de nombre, pero no de naturaleza.
El sábado 1 de agosto, cuando la noche caiga sobre Antofagasta, Kate Slimming abrirá las primeras grietas con su presentación acústica. Después llegarán las armónicas, las guitarras y las voces de La Rox y Gianinna Mutarello para volver a hacer aquello que el blues ha hecho desde sus orígenes: tomar lo que pesa en el alma y convertirlo en una música capaz de reunir a los desconocidos.
Y entonces, durante algunas horas, Chicago, Concepción y Antofagasta tal vez formen parte de un mismo territorio.
Un lugar sin fronteras, construido con doce compases, una voz y la voluntad invencible de contar la propia historia.
La cuarta versión del Festival de Blues de Antofagasta se realizará el sábado 1 de agosto, a las 19:00 horas, en el Auditorio del Liceo Experimental Artístico, ubicado en calle Ossa 1930. Las entradas están disponibles a través de Ecopass. El espectáculo es de carácter familiar.
Entradas aquí: https://www.ecopass.cl/events/día-internacional-del-blues-antofagasta/18476

















