
El voluntariado femenino en los recintos hospitalarios de Chile constituye un pilar fundamental de apoyo humano, material y espiritual para miles de usuarios del sistema público. Con orígenes que se remontan a mediados del siglo XX —destacando hitos como la fundación de las Damas de Blanco en 1948 y las Damas de Rojo en 1962—, estas organizaciones entregan de manera totalmente altruista su tiempo, acompañamiento y recursos propios para humanizar la atención de salud.
En el Hospital Regional de Antofagasta, las voluntarias representadas por sus emblemáticas túnicas de colores (Damas de Rojo, Blanco, Rosado y Verde, entre otras) son un símbolo ineludible de alivio y dignidad. Su labor diaria abarca desde brindar compañía a enfermos sin redes de apoyo y realizar trámites familiares, hasta proveer gratuitamente insumos de primera necesidad como artículos de aseo personal, pañales, ropa de cama y ajuar para recién nacidos vulnerables. Movilizadas tanto por una profunda solidaridad social como por principios espirituales y de fe, son la reserva afectiva del principal centro médico del norte del país.
La irrupción de la crisis sanitaria por COVID-19 en 2020 marcó un quiebre doloroso en esta trayectoria solidaria. Con el fin de resguardar la salud de las propias voluntarias —muchas de ellas adultas mayores en grupo de riesgo—, la presencia presencial de las agrupaciones debió suspenderse por completo. Los pasillos del hospital experimentaron un prolongado silencio, limitando el apoyo solo a gestiones externas muy puntuales.
Hoy, el retorno paulatino y altamente coordinado de las damas de colores plantea un escenario transformado. La postpandemia reestructuró de forma definitiva la dinámica hospitalaria, exigiendo la adopción de nuevos protocolos biosanitarios, nuevas formas de articulación con los equipos clínicos y la actualización de herramientas de gestión comunitaria.
Diagnóstico participativo: Diseñar respuestas desde las propias voluntarias
Frente a este nuevo horizonte, el Hospital Regional de Antofagasta y la empresa Geronto Rehabilitación comenzaron un proceso de escucha activa donde priorizaron no imponer capacitaciones estandarizadas, sino escuchar directamente la voz de las voluntarias para levantar un diagnóstico fidedigno de sus fortalezas, brechas y oportunidades de mejora.
Al respecto, la jefa de la Unidad de Participación Ciudadana del Hospital Regional de Antofagasta, María Pía Oyanadel, explicó que “en la unidad de Participación Ciudadana, estamos realizando un trabajo conjunto con Geronto Rehabilitación, con la finalidad de poder conocer las necesidades de nuestro voluntariado y poder fortalecer sus habilidades para que puedan realizar un trabajo mucho mejor en nuestro hospital”.
Asimismo, la trabajadora social del recinto médico enfatizó la importancia de no imponer medidas preconcebidas: “En esta primera etapa realizamos un diagnóstico para poder identificar las necesidades de nuestras voluntarias, principalmente porque no queremos realizar acciones en base a lo que nosotros pensamos que podemos fortalecer, sino saber lo que a ellas les gustaría poder robustecer y poder generar actividades y acciones en base a lo que ellas necesitan, señaló.






