No todas las científicas descubren su vocación desde pequeñas, sino que a partir de un inesperado camino llegan a su inspiración de vida. Es el caso de Gladys Hayashida Soiza, científica, investigadora y divulgadora nikkei formada en la Universidad de Antofagasta y de Kioto, esta historia está llena de pasión, resiliencia y sobre todo una poderosa vocación por enseñar y comunicar ciencia.
Por Valentina Ossandón
A lo largo de sus años Gladys no sabía que estudiar, le gustaba todo: matemáticas, danza, teatro, pedagogía pero sobre todo le gustaba la ciencia, el hecho de investigar le apasionaba, desde pequeña pasaba los veranos enteros viendo el mar, sus organismos y las rocas. Finalmente optó por postular a teatro como primera opción, cuya carrera fue aceptada, pero debido a diferencias, decidió ingresar a Ingeniería en Acuicultura, una carrera emergente en Antofagasta. Allí comenzó un viaje marcado por la lucha por demostrar que su lugar en la ciencia le pertenecía.
Sin embargo, no todo fue color de rosas, debido a que, durante su búsqueda de práctica profesional sufrió discriminación de forma abierta. “Me rechazaban por ser mujer, por ser pequeña, por no poder arrastrar sacos de alimento”, recuerda Hayashida. Mientras que sus compañeros encontraban práctica de manera rápida, ella pasó meses postulando obteniendo respuestas negativas de las empresas. Hasta que finalmente fue aceptada en un packing de salmones, allí descubrió su interés por la microbiología, donde trabajaba en control de calidad y salud de los peces.
Viaje a Japón
La pasión por investigar aumentó, lo cual llevó a que se especializara en bacterias marina y posteriormente a postular a un posgrado en Kioto, Japón. Es por esto que viajó a la Universidad de la dicha ciudad oriental, donde se enfrentó no sólo con el rigor académico, sino también con la cultura japonesa. En un ambiente tradicionalmente masculino, debió ganarse su lugar y el respeto entre sus pares y profesores a punta de esfuerzo. Fue tal la dedicación que estudió hasta pocos días antes de dar a luz a su primer hijo. “Y ellos se dieron cuenta que me saqué la mugre, entonces al final sí me respetaron y me dieron el lugar que yo quería” declaró la científica.
“Yo creo que la mayor enseñanza fue esa. Entender qué es lo que era yo, como descendiente japonés. Y entender a mi papá”. La estadía en Japón le permitió descubrir tradiciones de su familia y a comprender sobre su propia identidad. Al ser nieta de un japonés, reconoció que al estar allá entendió sobre las prácticas y enseñanzas de su padre adquiridas de su abuelo, las cuales fueron a base de estructura, silencio y respeto.
Una voz científica que comunica arte
Al regresar a Chile, llena de conocimiento e ilusión de poder enseñar a sus alumnos todo lo aprendido en Japón, esto fue eclipsado, debido a que al integrarse al ámbito académico, encontró las puertas cerradas. Sus colegas crearon historias con el propósito de que pudiera volver y lamentablemente le desencadenó una depresión, pero no se rindió. Se reinventó y descubrió el mundo de la divulgación científica y descubrió una nueva vocación: acercar la ciencia a la sociedad, lo cual la acercó a una de sus pasiones; el teatro.
Hoy, Gladys es investigadora de la Universidad de Antofagasta y es la coordinadora del equipo Ciencia, Tecnología y Sociedad (C-TyS) de dicha universidad, ha realizado trabajos con colegios, organizaciones, juntas de vecinos y universidades, utilizando el teatro como herramienta para educar la ciencia. Uno de los proyectos más reconocidos y que recuerda de manera especial, es la creación de monólogos científicos, donde personifica a personajes como Jane Goodall para inspirar a estudiantes. “El monólogo termina de esa forma. Con un llamado a los jóvenes a que en esta sociedad tenemos que no competir, ni que hablar del machismo y que el feminismo es equidad”.
Una cruzada por la equidad de género y la comunicación
Su testimonio es también una crítica a la escasa representación femenina en espacios científicos. Durante sus primeros años, fue una de las pocas académicas mujeres en la Facultad de Ciencias del Mar. Si bien ha reconocido que ha habido grandes avance, hoy siendo secretaria de la ACHIPEC, cuyas autoridades son mayoría mujeres, declara que aún falta equidad en la asignación de roles de liderazgo y proyectos.
Gladys destaca el rol de la Asociación Chilena de Periodistas y Profesionales para la Comunicación (ACHIPEC), quien ha sido clave para conectar a quienes creen que las investigaciones y descubrimientos científicos no debe quedarse en los laboratorios, sino que también se debe llegar a escuelas, comunidades y medios para inspirar. Tal como lo ha demostrado Hayashida, comunicar ciencia es abrir mundos, sueños y sembrar curiosidad, sobre todo que la mujer se integre a este mundo, siendo así más justos y equitativos.






